¿Un poco de todo en las prácticas docentes?

Por: Mtra. Ruth Yareli Simón Mendoza

Eran las 6:45 de la mañana, hora de ir a la escuela.
–A la bendita escuela –pensaba Mariam, mientras se maquillaba los ojos con sombras de brillitos y estrellas que hacían juego con sus ojos.
–Buenos días pequeños ¿cómo están? –preguntó a sus estudiantes.
–¡Bien, miss! –contestaron, y Mariam empezó a pintar su día con crayones y colores Mapita.
Ella se inspiraba de algunos maestros para planear sus clases. Si quería demostrar que era estricta, recordaba al profe Eugenio, quien fue su maestro de primaria: alto, con manos grandes, tan grandes que aguantaban un anillo que parecía que pesaba un kilo.
Eugenio golpeaba a sus estudiantes en la cabeza usando el anillo, tenía una mirada penetrante que, sin necesidad de hablar, provocaba el silencio. Le molestaban las risas de los niños, porque cuando reían se disipaba la tensión de la clase y pensaba que la tensión provocaba concentración. Las risas relajaban a los estudiantes, la risa les daba libertad, y la libertad no iba con él; hasta parecía que sacaba inspiración de aquella escena de la película El nombre de la rosa en la que Jorge de Burgos decía: “Un monje no debe reír, solo los tontos ríen, la risa es un viento diabólico que deforma los rasgos de la cara y hace que los hombres se vean como monos”.
Mariam no simpatizaba con todas las acciones de Eugenio, pero admiraba su habilidad de callar sin hablar, así que intentaba igualar sus miradas y algunos ademanes.
Cuando quería demostrar que era una maestra linda, se inspiraba en su amigo Lupin. Su historia era muy particular, pues pasó de no tener un solo amigo a tener muchos, aunque la mayoría fueran sus estudiantes. Sus clases casi siempre caían en temas amorosos y familiares. Cuando Lupin sentía que no conectaba con un grupo de clase, se frustraba y buscaba medios para lograrlo: les llevaba dulces y contaba anécdotas.
Mariam intentaba ser amiga de sus estudiantes. Lo lograba, pero en muy pocas ocasiones, cuando seguía los consejos de Lupin. Les llevaba dulces y les hablaba bonito, aunque realmente se sentía ridícula al hacerlo y no entendía por qué sus estudiantes parecían más cómodos y ella cada vez más incómoda.
Y finalmente, Mariam solía inspirarse en Tomás, quien fue su maestro de filosofía en la Normal.
Tomás, al impartir clase, lograba embobar a todos. Él no se fijaba si sus estudiantes tomaban apuntes o no, lo que a él le importaba era la calidad de sus pensamientos y razonamientos. Cuando un estudiante razonaba bien, empezaba a preguntarle constantemente sobre el tema. Sin embargo, cuando ocurría lo contrario, se olvidaba de ese estudiante. La clase se dividía en los que pensaban bien y los que pensaban mal. Mariam estaba a veces de un lado y otras, del otro. Buscaba estar de lado de los que piensan bien, solo para que Tomás la mirara.
A Mariam le fascinaban las maneras que tenía Tomás para captar la atención de todos. Por esta razón, en algunas ocasiones ponía ejercicios de razonamiento a sus estudiantes para después hacerles preguntas.
Quizá todos somos Mariam, al inspirarnos en otros para desarrollar nuestras clases. Pero ¿por qué los elegimos? Los seres humanos somos lo que queremos en diálogo con nuestras experiencias en diferentes contextos. No solo se aprende en las escuelas, sino en todas las áreas de la vida. Lo que pensamos orienta nuestras acciones y decisiones. Entonces, nuestras prácticas docentes no se reducen a aspectos pedagógicos o didácticos, sino que involucran aspectos afectivos, emocionales, culturales y hasta políticos. Por ese motivo, las prácticas docentes son un tema complejo de analizar porque están llenas de matices. Una acción que podría ayudarnos es reflexionar ¿desde dónde me estoy posicionando para desarrollar mi práctica? ¿qué considero para tomar decisiones? ¿por qué actuó como actuó? Las respuestas nos pueden dar un marco de referencia para conocernos y actuar en consecuencia. Ya lo decía Sócrates: “el mayor arte del ser humano es conocerse a sí mismo”.

La autora es estudiante del Doctorado Interinstitucional en Educación de la Universidad Iberoamericana Puebla.
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