
Por Vera Fernández
Por más que Alfredo Gómez Palacios y José Luis González Morales —dirigentes de las secciones 51 y 23 del SNTE—trataron de maniobrar y desvirtuar el proceso de renovación de Nueva Alianza en Puebla, al final se quedaron con las ganas.
Los líderes sindicales creían que el partido turquesa era una extensión más de sus cotos de poder sindical. Sin embargo, se toparon con pared. El proceso se llevó a cabo el pasado 17 de octubre y concluyó cerrándole el paso a cualquier intento de injerencia.
Al verse vencidos y notar que no lograron infiltrar sus intereses en el Comité Ejecutivo Estatal, desataron primero una narrativa mediática para demeritar el trabajo del exdirigente Emilio Salgado Néstor. Pero como las campañas de lodo no bastaron, pasaron al pataleo en los tribunales.
A través de exintegrantes de la dirigencia saliente —encabezados por Yazmín Domínguez Garrido (exsecretaria general), Rita María Castillo Crisantos, Alejandro González Morales, Laura Martina Pérez Márquez y Mónica Peralta Flores—, acudieron al Tribunal Electoral del Estado de Puebla (TEEP) para impugnar la Convención Estatal y la asamblea donde se nombró a la nueva dirigencia.
El argumento: supuestas anomalías en las convocatorias y firmas sin logotipo. Un recurso desesperado ante el Órgano Garante interno y el TEEP que busca venirse abajo la elección de los 52 delegados distritales y 26 consejeros.
La paradoja resulta evidente: quienes hoy acusan “anomalías” son los mismos perfiles impulsados desde las cúpulas sindicales que buscan reventar un proceso legítimo. Lo que en el fondo les duele es la llegada de Elías Lozada Ortega a la presidencia del partido para el periodo 2026-2030.
Lozada Ortega no es un improvisado ni un perfil subordinado a los líderes sindicales de ocasión. Exalcalde en dos periodos de Yaonáhuac, actual diputado local por el Distrito 14 de Ciudad Serdán y maestro con trayectoria académica, representa a la militancia de base que se formó desde abajo en las filas del aliancismo.
Su cercanía con Emilio Salgado Néstor es de trabajo y continuidad —al grado de que Salgado permanece en el equipo como coordinador de Asuntos Jurídicos—, lo que garantiza un frente común y bloquea cualquier intento de intromisión.
Con la llegada de un diputado afín a las bases y respaldado por la estructura magisterial real, la jugada del SNTE quedó desarticulada. Lo ocurrido en Nueva Alianza es una muestra más —y muy clara— de que el magisterio poblano está harto de sus dos supuestos líderes.
Un par de personajes que, además de arrastrar cuestionamientos e irregularidades en las finanzas de sus secciones sindicales, ya se frotaban las manos con las jugosas prerrogativas del partido político para seguir financiando sus agendas personales, pero terminaron topándose con la realidad de la militancia.








