México en peligro

Por Manuel CARMONA

En México tenemos una curiosa costumbre política: cuando suena la alarma, en lugar de buscar el incendio, discutimos quién compró el detector de humo.

Eso está ocurriendo con las versiones provenientes de Estados Unidos, sobre posibles investigaciones relacionadas con figuras políticas mexicanas. La conversación pública se ha desviado hacia el terreno más cómodo: las filias partidistas, las lealtades ideológicas y la eterna disputa entre traidores y patriotas. Mientras tanto, la pregunta importante permanece sin respuesta.

¿Y si las señales fueran reales?

La discusión no debería centrarse, si determinados reportes periodísticos incomodan a Morena, o a cualquier otro actor político. Tampoco, si detrás de ellos existe una agenda política de Washington. La historia demuestra que los gobiernos estadounidenses suelen actuar, guiados por sus propios intereses, no por consideraciones sentimentales hacia sus vecinos.

Lo verdaderamente preocupante es la incapacidad del gobierno mexicano hasta hoy, para comprender el momento político que se vive, con nuestro poderoso vecino del norte.

Ante informaciones relacionadas con presuntas investigaciones o solicitudes contra personajes de relevancia política, la respuesta oficial parece haberse reducido a una fórmula repetitiva: “no hay pruebas”. Quizá sea cierto. Quizá no existan elementos concluyentes. Pero la cuestión estratégica no es esa.

La cuestión es que Washington está enviando mensajes.

Y los mensajes en política internacional nunca son casuales.

Mientras en México el gobierno se concentra en desacreditar a quienes difunden las versiones, en Estados Unidos crece una narrativa cada vez más agresiva, respecto a la posible responsabilidad de autoridades locales en fenómenos criminales. Ignorar ese contexto es una imprudencia.

Porque las intervenciones no comienzan necesariamente con soldados desembarcando en las playas. Comienzan con expedientes, investigaciones, sanciones financieras, presiones diplomáticas y construcción de consensos políticos internos.

La amenaza para México, no radica únicamente en la veracidad o falsedad de los señalamientos que hoy circulan. La amenaza consiste en que el país parezca incapaz de atenderlos con seriedad mientras otros construyen argumentos para justificar acciones que ya están en camino.

Quizá el gobierno federal esté concentrado en ganar la discusión doméstica, mientas que la disputa realmente importante se está desarrollando en otro escenario.

Y cuando finalmente nos demos cuenta, tal vez descubramos que la verdadera discusión no era sobre un periódico, una filtración o un gobernador.

Que estábamos distraidos discutiendo, mientras en el mundo cambiaban las reglas del juego.