La verdad oculta… La otra cara del Monstruo de Ecatepec

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Por: Fátima Adriana García Cabrera
Investigadora del orden social y psicoanálisis
Licenciada en Educación Primaria
Maestra en Psicología Clínica Infantil UPAEP

“El verdadero dolor es indecible.
Si puedes hablar de lo que te acongoja estás de suerte,
eso significa que no es tan importante,
porque cuando el dolor cae sobre ti sin paliativos,
lo primero que te arranca es la palabra”

Rosa Montero 2013

En toda sociedad, existen actos permitidos y prohibidos, actos que se miran con buenos ojos y actos que son capaces de generar una gran indignación. Sin embargo, es necesario analizar qué es lo que está ocurriendo en las relaciones sociales, pues es evidente que algo no está bien, no es normal que los índices de delincuencia en toda la República se hayan disparado de manera alarmante, así como tampoco es normal que todos los días escuchemos noticias de ejecutados, decapitados y, a pesar de la constante indignación por el número de personas desaparecidas, sobre todo mujeres, cada día siguen apareciendo nuevos casos con la terrible impotencia de no saber si están vivas o muertas, si están siendo abusadas, vejadas, torturadas o si están siendo víctimas de trata etc..
Estas situaciones, ponen de manifiesto la sintomatología social que nos ha conllevado a este malestar cultural.
Ante la realidad que estamos viviendo las mujeres a nivel nacional, es verdad que nuestro discurso gira en torno al temor que sentimos de andar solas por las calles, pues hemos aprendido a taparnos los oídos y a cuidarnos de las posibles agresiones, pues cuántas de nosotras hemos sido víctimas de hostigamiento, donde se ha visto invadida nuestra esfera de la intimidad.
Sin embargo, el hecho que quizá ha conmocionado a la sociedad y, lamentablemente no puedo decir “entera”, puesto que en los últimos meses han sucedido diversos acontecimientos, como los linchamientos a inocentes, las desapariciones forzadas, donde lo único que se ha demostrado, es que el sujeto no ha aprendido, pues ha suplantado el lenguaje por los constantes pasajes al acto, es decir, el individuo no piensa, está carente de límites, solo actúa y ya.
Ecatepec se ha distinguido por ser el municipio de México donde el ser mujer representa un peligro latente y a pesar de que se activó la alerta de género, pareciera que estas acciones no han tenido el impacto necesario para prevenir o mitigar este grave fenómeno ligado a la desaparición forzada y feminicidios.
Precisamente de Ecatepec, surge este personaje que, en el transcurso de una semana, la noticia ha tenido un impacto importante en la sociedad, pues Juan Carlos, conocido ahora como “El monstruo de Ecatepec”, quien junto con su esposa habrían asesinado, mutilado y devorado a veinte mujeres.
Hay que destacar que, entre matar y mutilar, hay psicópatas que logran sentir una gran satisfacción sexual.
Sin embargo, ¿por qué tanto odio hacia las mujeres? ¿Por qué matarlas para luego violarlas, descuartizarlas y posteriormente, cometer actos de canibalismo? ¿para qué comerlas? ¿qué es lo que está comiendo de ellas? ¿a quién se come?
Si hacemos un análisis de este comportamiento, más allá incluso, de lo que han dicho los medios de comunicación, hay que mencionar que una de las alteraciones del comportamiento más llamativas y perversas es el canibalismo, pues existe una unión máxima entre alimentación y sexo ligado a la sexualidad, es decir, el objeto de amor no debe ser solamente amado sino también deglutido.
Precisamente la palabra “caníbal”, se remonta a la época de la conquista española y, es a través de la historia donde se muestra, que muchas culturas, de acuerdo a sus rituales religiosos, utilizaron este rito de comer carne humana.
Hoy en día, estas prácticas están prohibidas, sin embargo, esta práctica ha sobrevivido al estar ligada a criminales que actúan bajo motivaciones sexuales y sádicas. También para el caníbal, “matar es la manera que tiene de vencer”, como si fuera una victoria personal, por lo tanto, esta práctica, surge como una necesidad propia que les ayuda a conseguir placer y gratificación.
Mucho se ha hablado de la actitud de Patricia N., a quien psiquiatras definieron su personalidad como una mujer psicópata, carente de empatía, pero con plena comprensión frente a la diferencia del bien y el mal, sin embargo, ¿cómo es que esta mujer manifiesta una plena indiferencia y hasta contribuye con su esposo?
Es evidente que debió haber existido una larga historia como víctima, posiblemente con una infancia plagada de desamor, abandono y constante violencia que culminó como victimaria y vinculada a este terrible monstruo, pero quizá la pregunta que muchos se hacen es: ¿por qué siendo mujer, Juan Carlos no la mata? ¿por qué ella no roba su oxígeno? Tal y como lo refirió con las otras mujeres a las que sí asesino.
Tal pareciera que este caso se asocia a “Las hermanas Papin”, quienes en 1933 estremecieron a toda Francia por el asesinato cruel de una madre y su hija para las que trabajaban, siendo que los periódicos de la época siguieron con malestar el duro suceso, incluso cronistas, las describieron como “los dos monstruos sanguinarios”
Y asocio este caso quizá a la infancia cruel tanto de estas dos hermanas como el del Monstruo de Ecatepec, pues mientras unas fueron víctimas de un padre alcohólico y abusador, con una madre que nunca se pudo hacer cargo de ellas, este personaje de la actualidad fue víctima de una madre que lo abandonaba por irse con “otros”, siendo que la misma madre lo encargaba con otra mujer que, según su relato, dejó entrever que abusó de él sexualmente, además refirió a un padre mandilón, víctima también de la madre quien en ocasiones intenta acuchillarlo.
Hay que destacar que en el caso de 1933 encontraron a las hermanas Papin, prácticamente sanas y responsables de sus actos, sin embargo, grandes psiquiatras de la época fueron quienes reclamaron para las acusadas el diagnóstico de “Folie à deux” que, al español se traduce como locura comunicada.
Este tipo de locura, se expresa como un raro síndrome psiquiátrico en el que un síntoma de psicosis es transmitido de un individuo a otro, y pareciera que es lo que sucede con Juan Carlos y Patricia N.
Hay que destacar que, el Monstruo de Ecatepec, también es considerado como un caso de psicosis, pues el síntoma se brota a partir de que la primera esposa lo abandona, y, la autoridad al decirle: “seguro se fue con otro “, viene nuevamente a escena el recuerdo infantil de abandono y burla de su propia madre, pues recordemos sus palabras: “Ni una pinche vieja me va a faltar al respeto jamás”
Es evidente que este sujeto, al asesinar mujeres, mata algo de sí mismo, y lo que llama la atención durante su narración es que en su infancia, también la madre lo viste de mujer, y pareciera que lo femenino, está asociado no solo con su madre, sino con él mismo, por eso, en su elección de víctimas, muchas de las mujeres eran madres y, atrapado en este espiral de destrucción, por supuesto que no existe la menor culpa, ni existe el más mínimo remordimiento.
Como todos sabemos, este sujeto estaba muy al pendiente de páginas y grupos donde se denunciaba la desaparición y asesinatos de mujeres, Juan Carlos pertenecía a páginas conocidas como “NI UNA MUJER MÁS” “Denuncia Ecatepec” entre otras, las cuales me atrevo a traducir como “otra forma de vencer” “otra manera de que alguien más le haga justicia” y es claro el sufrimiento de los demás le causa un gran placer.
Finalmente, este personaje dice: – “Me gusta mucho que me escuchen”, y ¿qué hubiera sido si lo hubieran escuchado oportunamente?
La palabra tiene un gran poder, el destino de las palabras no dichas, se convierten en un silencio que, con el tiempo agudizan el dolor, es por eso que hablar de lo que nos sucede tiene un efecto reparador. Es precisamente que cuando el dolor no es sostenido, lo primero que viene a ser suplantado por el acto, es la palabra.
¿Qué sucedería si todos aprendiéramos a hablar, aprendiéramos a escuchar?, quizá no se volvería a saber de ningún otro monstruo,
quizá se detendrían tantas injusticias,
quizá…