La Era Pospandémica: el mantra consumista 

Por: Valeria Vera Aspinwall

Hablar sobre la pandemia conlleva un ejercicio de memoria, uno en donde la sensibilidad afectiva produce una reacción a dicho estímulo, haciendo referencia al acompañamiento de una emoción que emana de dicho ejercicio. Durante la cuarentena, la compañía afectiva era sintetizada en torno a la nostalgia, mientras que en la era pospandémica más allá de una abstracción, se reflejaba una aleación de emociones que se puede manifestar en un mantra: vivir el ahora. 

El acercamiento propuesto nos envuelve en nuestra cotidianidad, asimismo, éste orbita en el hemisferio de la cultura industrial bajo una maquinaria lucrativa, la cual se ha encargado de capitalizar el factor nostalgia (en su momento) y de resignificar el mantra en términos de ganancia económica. 

La promesa del regreso a la normalidad tenía un cúmulo de deseos emitidos por la sociedad civil; grupo de personas que a los ojos del capitalista no son más que consumidores (sin tomar en consideración el potencial como fuerza de trabajo). Bajo esta lógica, el regreso a las rutinas se traduce en el regreso a la fórmula de reproducción del sistema; conceptualizando a la normalidad como el ingreso de los mismos índices de ganancia.

En este sentido, el factor nostalgia tiene un alcance mayor al deseo de retomar nuestra rutina social en vista de la exponenciación de aquel sofisma a favor de un embolso arbitrario de dinero. 

Conforme la superación de la cuarentena se desarrollaba el discurso nostálgico que diluyó su fuerza con el tiempo. La necesidad de adaptación a la construcción histórica de la nueva realidad fue identificada por el sistema capitalista con el objetivo de buscar la manera de mantener preeminente su relevancia dentro de las dinámicas sociales que componen al mismo. La herramienta para alcanzar dicho objetivo nuevamente se focalizó en el discurso, siendo la forma adoptada un mantra. 

La incertidumbre se ha mantenido en un plano primario en la psique humana en la era pospandémica. Por tanto, no es de extrañar el mantra compuesto por palabras que los agentes capitales han sabido manejar como un peón en su tablero: vivir y ahora. 

Bajo el sistema actual, el verbo vivir está sujeto a la búsqueda de la felicidad, la cual el sector económico secundario, -siendo éste la industria-, ha encontrado la manera de materializarla con sus productos. En cuanto al espacio temporal, el ahora, ha aprehendido a la felicidad, condicionándola a su conveniencia, colocando fecha de caducidad a la oferta que para muchos nos brinda una dosis de certeza dentro de una arena reconocida como vertiginosa. 

El mantra, que nos ha alienado como propulsores del consumismo no es ciego y, en efecto, tiene resultados con un filtro privilegiado. Mientras la Industria cumple con su respuesta a la demanda pública, nuestros movimientos monetarios son mediatizados por algo que no se puede comprar: la felicidad. Los entes capitalistas perciben nuestro deleite como una forma de capital líquido, por ello, todos somos una masa homogénea que ha sido maniqueada por la Industria y el sistema per se. 

Esta concentración de personas a través de un monopolio hace de los negocios una ideología que hemos acogido bajo una concatenación de falsas promesas, que, nuestro ojo fatigado por situaciones de vida esporádicas ha dejado capturar sin lograr identificar el precedente constante, siendo éste la búsqueda de una variable fija favorable en el círculo pecuniario de convulsión lucrativa. 

La crisis coproducida por el círculo vicioso es inminente, y ante la misma hemos adoptado una postura de estancamiento. Empero, la crisis no es permanente, en vez, está sujeta a una temporalidad que ofrece una oportunidad de superación propositiva a la ficción construida en torno al monopolio de una forma de vida predeterminada e impuesta. 

Hemos de develar el concepto de crisis como una problemática coyuntural e identificar el dominio de la élite con poderes fácticos en el ámbito político y económico. Esto con la finalidad de superar el estado de paralización y ser partícipes de uno de superación que no esté sujeto a un mantra que hace de nuestra ideología inducida una forma de neoesclavitud.

+ La autora es estudiante de la Universidad Iberoamericana Puebla.