Diálogo abierto: La conversación que sostiene y transforma nuestras relaciones


Todos en algún momento de nuestra vida hemos estado en medio de silencios incómodos, postergando conversaciones y guardado palabras que quisiéramos decir pero que no nos atrevemos. Y muchas veces me he preguntado lo mismo: ¿Por qué se nos dificulta la conversación abierta?
Así es como nació Diálogo abierto, con la convicción de no ser una columna de opinión, sino ser un espacio para pensar y reflexionar juntos. Con la firme intención de abrir conversaciones difíciles entre padres-hijos, docentes-alumnos, amistades, parejas y demás relaciones que sintieran la necesidad de platicar aquello que habían dejado pendiente.
Elegí “Diálogo” porque desde mi mirada lo defino como escuchar activamente sin interrumpir, sin atacar, nombrando las emociones sin sentir culpa, pero, sobre todo, con la mente clara para entender las diferencias de opinión con respeto. Así, el diálogo no siempre resuelve conflictos, pero sí previene rupturas, no exige estar de acuerdo, exige respeto y presencia. Dialogar es elegir comprender antes que tener razón.
Abrirse al diálogo siempre será una buena práctica para fortalecer y/o transformar distintas relaciones, como las familiares, sobre todo por la brecha generacional que existe; de pareja, cuando aparecen crisis o silencios difíciles de enfrentar; o amistosas cuando atraviesan cambios. Conversar abiertamente será el camino correcto para evitar una separación, mantener la dignidad y reconocer el valor de la otra persona.
Con esa ideología cada tema abordado en cada columna –límites, dolor, dependencia, riesgo, adicciones, tecnología, autonomía, estancamiento, decisiones difíciles– fueron una excusa para repetir la misma fórmula “secreta”: escuchar + comprender + acompañar = conectar profundamente con quienes queremos y nos preocupan, recordando que detrás de cada conducta hay una historia que merece ser escuchada.
Pero la apertura al diálogo no es compromiso de solo una persona, siempre será una responsabilidad compartida que no aparece solo en una columna, ocurre en la mesa de los hogares, el aula, en el auto camino a casa e incluso en el silencio bien acompañado y aceptado.
La intención nunca fue dar respuestas teóricas, sino provocar preguntas necesarias. Y hoy quiero que nos preguntemos: ¿Qué conversaciones estoy evitando? ¿A quién necesito escuchar mejor? ¿Qué palabras debo decir con respeto y valentía? Al final todo se trató de ti, de lo que pensaste, sentiste o conversaste a partir de lo que leíste en “Diálogo abierto”.
Finalmente, agradezco a las plataformas que dieron cabida a mi columna, porque me mantienen crédula de que aún existen espacios donde hablar de lo humano sigue siendo importante. Pero sobre todo a los lectores, por leer, reflexionar, pensar y conversar a partir de mis publicaciones. Fueron fuente de inspiración y coautores “invisibles”. Si alguna vez este espacio te hizo detenerte y abrir una conversación incómoda pero necesaria, ¡todo valió la pena!
Diálogo abierto no termina aquí, las conversaciones importantes deben continuar fuera de los textos semanales. Estoy segura que seguiremos practicándolo en la vida cotidiana porque es una forma de cuidado emocional y humano. Así mi última invitación es la de seguir cuidando nuestras relaciones a través de la escucha activa y de la palabra honesta, como formas de amar mejor.
Que nunca nos falten las palabras honestas ni la disposición de escucharnos con el corazón abierto. Sigamos dialogando, incluso cuando sea incómodo, porque es una de las maneras más profundas y dignas de sostener, transformar y cuidar las relaciones que nos importan.
Teresa Juárez González
IG: @teregonzz14