Imposible, amar al prójimo

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Erick Becerra

“Nadie me ofende impunemente”. Esa frase inclemente es el lema de Escocia.
Y bien aplica para todo aquel que se siente afectado por otra persona en nuestro país.
Es el caso de millones de mexicanos que en los últimos años han sido víctimas de la delincuencia organizada; de la violencia intrafamiliar; mujeres que han sido violadas, golpeadas, marginadas y ultimadas; y de los mexicanos que hemos sido engañados por gobiernos corruptos como el de Javier Duarte y Enrique Peña Nieto.
Por eso pienso que la arenga del presidente Andrés Manuel López Obrador el 15 de septiembre cuando llamó a amar al prójimo, es utópica, más aún, falaz.
Porque “La tasa de asesinatos en México es cinco veces más alta que la media internacional. Y ya se superó la barrera de las 100 muertes violentas por día”, escribe Rosario Mosso en el semanario Zeta (https://zetatijuana.com/2020/08/mas-de-60-mil-muertos-con-amlo/).
De acuerdo con el artículo, van “… un total de 60 mil 72 muertes violentas en lo que va del sexenio de AMLO. Un número incluso mayor a las 41 mil 13 muertes de los dos primeros años de su antecesor Enrique Peña Nieto”.
¿Amar al prójimo?
Esa expresión es tan inútil como ofensivo el planteamiento del presidente de acusar a los criminales con sus mamás o abuelitas.
No, señor presidente. No podemos amar al prójimo cuando persiste la impunidad, la corrupción (aun en su gobierno) y la ineficiencia del Estado para frenar los contagios del COVID-19 porque el “prójimo” no usa cubrebocas ni el gobierno puede obligarlo a acatar las recomendaciones sanitarias.
Cuando el Estado es incapaz, no puede pedir amor.
Lo que el ciudadano exige y el Estado debe garantizar es la aplicación de la ley para alcanzar bienestar.
Eso es exactamente lo que se elude con una “consulta” para enjuiciar a expresidentes. Es obligación del Ejecutivo acusar con pruebas o sospechas, y de la Fiscalía investigar para validarlas ante el Poder Judicial para entonces hacer justicia a este México que en lugar de amor necesita paz.
El amor nace involuntariamente (recomiendo leer La llama doble, de Octavio Paz), la justicia se cumple cuando se aplica la ley, y para ello se requiere de voluntad política.
Por supuesto entiendo el sentido más bien religioso, cristiano, de la expresión presidencial; y al entenderlo pues peor es la interpretación de su oculta intención.
Tampoco se asoma la sensatez a estas alturas y en su lugar aparece la mitomanía, el engaño con espectáculos como la “rifa” no rifa del avión no avión.

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