El PRI, un mal negocio político para Eduardo Rivera

Carlos Gómez / @gomezcarlos79

Ayer el candidato del PAN a la gubernatura de Puebla, Eduardo Rivera, aseguró que no está arrepentido de la alianza que hizo con el PRI para intentar ganar la gubernatura en este 2024.

Pero en la realidad, en este proceso electoral, el PRI se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para Eduardo Rivera debido a los escándalos de la candidatura de Néstor Camarillo y, sobre todo, la detención de la candidata a diputada local, Tania “N”.

Nada bueno le ha dejado mediáticamente la alianza con el PRI a Eduardo Rivera, pero la esperanza del candidato del PAN es lograr el llamado “voto duro” del tricolor.

Pero ese voto leal al PRI está cada vez más débil y difícilmente marcará la diferencia para derrotar a Morena.

Veamos un recuento histórico que demuestra la decadencia del PRI y por qué es un mal negocio para Eduardo Rivera.

En el 2004, el candidato del PRI, Mario Marín, obtuvo 886 mil votos y ganó la gubernatura por última vez para ese partido.

En el 2010, Javier López Zavala sólo logró 883 mil votos y perdió ante Rafael Moreno Valle.

En el 2016, Blanca Alcalá sólo logró 643 mil votos y perdió ante Tony Gali.

En el 2018, Enrique Doger volvió a perder votos por el PRI y sólo alcanzó 555 mil sufragios en el triunfo de Martha Erika Alonso.

Y en la elección extraordinaria del 2019, Alberto Jiménez Merino fue el último candidato del PRI a la gubernatura y sólo consiguió 283 mil votos.

Es decir, desde el 2010 hasta el 2019, el PRI perdió 600 mil votos y su llamado voto duro difícilmente llegará a 200 mil votos en este 2024.

Pese a la contundencia de las cifras, Eduardo Rivera confía que esos 200 mil votos le puedan dar el triunfo ante Morena.

Aunque, sinceramente en estos momentos se ve como una mala decisión.

Ya veremos si el próximo 2 de junio, le salen las cuentas a Eduardo Rivera.

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