Castigar la corrupción

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Erick Becerra

La principal bandera en campaña de Andrés Manuel López Obrador fue la lucha contra la corrupción.
También fue uno de los ejes centrales de la campaña del hoy gobernador Miguel Barbosa.
Buena parte de la decisión de voto tuvo que ver con ese propósito: frenar el uso del poder para enriquecer a pocos a costa de la mayoría.
Nadie puede oponerse a ese fin.
Pero difiero en el diagnóstico de AMLO. El principal problema de México no es la corrupción sino más bien la impunidad. Porque puede haber mucha corrupción pero si hubiese justicia, pues los corruptos estarían en la cárcel. Fácil. Y no es así.
Mire usted: cuando un político, un comerciante informal, un empresario chico, mediano o enorme, un estudiante o cualquier ciudadano intenta conseguir su objetivo más rápidamente por una vía indebida, pues está siendo más que corrupto, es desleal con su profesión, mentiroso, tramposo, pues.
Pero no ocurre lo mismo con el automovilista que se pasa un semáforo en rojo en el primer mundo. Ahí, primero, la piensa, porque el incentivo a respetar el reglamento de tránsito es una multa enorme o incluso cárcel si llega a chocar o a lastimar a alguien. Eso no pasa en México.
Por ello, corrupción en la gente puede haber siempre. La batalla no es contra ella sino contra el sistema que permite que la corrupción –un comportamiento que no puede ser moral o ético sino jurídico- permite a su vez la impunidad. Por eso es una broma cuando AMLO amenazó a los delincuentes con acusarlos con sus mamás: porque no es un tema de valores, principios ni educación, sino de ley.
En unas horas llegará a México Emilio Lozoya Austin, quien dirigió Pemex cuatro años y se presume que fue el orquestador del apoyo financiero para la campaña de Enrique Peña Nieto, pero luego parece que hizo su agosto con Odebrecht y se espera que venga a México a soltar la sopa e involucrar a muchos más –incluso a Peña. No sabemos, por cierto, si lo que él diga sirva para enjuiciar y castigar a más corruptos beneficiados de sus ilegalidades, pero servirá claro está, para enfocar el discurso oficial y mediático.
Voy a Puebla: los casos de corrupción escandalosa durante el gobierno de Rafael Moreno Valle deben encontrar castigo. La Auditoría Superior del Estado publicó ayer que investiga a Eduardo Tovilla. Ya más adelante le platicaré, pero hay historias de terror asociadas a ese nombre.
No hay pruebas… aún. Pero estoy seguro que Miguel Barbosa investigará y castigará esa galopante corrupción. Lo hará. No hay duda.
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