Cama blanca

Con mi agradecimiento a todos amigos y amigas que estuvieron y están atentos a mi salud.

A mis hijos Erendira y Tono con todo mi corazón e infinitas gracias por estar.

Hoy se cumplen dos meses de mi ingreso a una lucha en el hospital.

Hoy, en plena recuperación.
Nunca pensé que el maratón de diciembre Guadalupe-Reyes me pasaría en cama, en una cama blanca (de hospital). Confieso que nunca había pisado un cuarto de alguna clínica, siquiera.

En el cuarto de un hospital, ni con vista al mar.
Ese domingo 12 de diciembre, fue fatídico para mí. La voz grave del galeno fue contundente “preparen la cama que se interna el paciente”. Y el paciente que era yo, me volví impaciente.

Ya separado de todo, de todos, con aparatos por todos lados, recorrí mi vida en cinco minutos.
Esa infancia, juventud e incipiente madurez, pasó en un tren de vida que no retorna.

Por las madrugadas en mi cama blanca, reflexionaba, pensaba y analizaba, que ocurriría al amanecer.
Dos meses cubierto, arropado, solo con una bata que dejaba ver mis partes nobles, claro, que una que otra vez sin querer escapaban y estaban a la vista de todos.
Doctores, enfermeras, camilleros, afanadores, fueron mi escenario por dos meses.
Anécdota.

En una madrugada, pedí que se me cambiara una venda del brazo derecho que comprimía la hinchazón.
La enfermera me hizo recordar una escena de teatro de la obra de Alejandro Licona “La Raya” lindamente me dijeron “nuestro turno ya terminó, hay dígales a las que entran”.
Nada de obra, realidad.

En esa cama blanca imaginé muchas cosas, cómo estaría mi familia afuera, alguien se acordará de mi, servirá de algo estar acá dentro, a esta última dije si, estoy vivo.
La cama blanca luego de dos meses de internamiento, de revisión constante, de medicamentos uno tras otros, me dejó en claro que:

La vida no se corre, mucho menos se descuida, se te puede escapar en el momento menos oportuno.
Ahora que recuerdo viéndome en la cama blanca, la pregunta de estar hoy recuperándome y que tengo otra oportunidad de vida, no es por qué.
Sino para qué.

Gracias por todo a todos.

 

Previous articleAyuntamiento de Puebla declara válidas las elecciones del proceso Plebiscitario de Renovación en Juntas Auxiliares
Next articleEs más grande el ego de los partidos que el interés ciudadano