
Por Manuel Carmona
Hay que entender al periodismo aldeano de Puebla. No es maldad, es desnutrición. Es evidente que no son capaces de comprender las señales del poder, porque para leer, primero hay que saber leer.
Un día encumbran a Gaby La Bonita Sánchez porque dio un discurso. Un discurso. Con eso basta para ungirla presidenciable. Al día siguiente, la nueva Juana de Arco es Laura Artemisa, porque regresó al Congreso. Volvió. Hazaña épica que merece portada a ocho columnas y editorial lloroso. Al tercer día, cualquier otro que sea captado cerca del gobernador y de inmediato ya es el heredero, el outsider, el fenómeno.
Tres días, tres candidatos. La política poblana convertida en feria de pueblo donde todos son ganadores y nadie entiende el juego.
El espectáculo sería entrañable si no fuera patético. Tanta especulación de pasillo, tanta columna que confunde un boletín con una epifanía, obligó a que tuviera que intervenir la Presidenta para explicar a todos con manzanitas. Claudia Sheinbaum, desde Palacio Nacional, tuvo que hacer pedagogía básica: EL GOBERNADOR NO DEFINE CANDIDATURAS.
Se los dijo lento, para que tomaran nota. El gobernador propone, sugiere, impulsa, sueña si quiere, PERO NO DECIDE. La candidatura de la cuarta ciudad más importante del país se decide en otra mesa, en otra ciudad, con otras reglas.
Pero el periodismo de campanario insiste. Ven una foto con Alejandro Armenta y ya ven una unción papal. Escuchan un nombre en un evento y ya tienen armada una quiniela. No entienden que en Morena el afecto no es efectivo y la cercanía no es candidatura.
Puebla y el periodismo no necesitan adivinos, necesitan verdaderos periodistas y analistas…










