

Carlos Gómez / @gomezcarlos79
Como cada grupo en el poder en turno, siempre nace la ambición de querer controlar todo y perpetuarse en el poder por muchos años.
Así le sucedió a Mario Marín cuando no entendió que su mal gobierno lo llevaría al fracaso electoral y aun así se aferró a imponer a Javier López Zavala.
Lo mismo ocurrió con Rafael Moreno Valle e impuso a Tony Gali y después en una cuestionada elección a su esposa Martha Erika Alonso, con un terrible final.
Ahora, el grupo de Alejandro Armenta ya tiene el control del Poder Ejecutivo, del Congreso del Estado, pero quiere más e imponer a sus candidatos para posiciones clave en las diputaciones federales, locales y los Ayuntamientos de Puebla, Atlixco y otros tantos.
Podría interpretarse como un hecho “normal” que el armentismo quiera tener el control absoluto.
La historia reciente nos ha enseñado que el triunfo no es garantía.
Pero la soberbia de los gobernantes en turno no les permite ver riesgos reales de derrotas electorales.
Y eso le está pasando al grupo en el poder.
Quiere todo, todas las candidaturas, todos los diputados locales, federales y Ayuntamientos que aún no controlan.
Pero eso implica un alto riesgo de dividir a Morena y provocar una real ruptura.
Ya veremos qué decide el armentismo.
Jugar a ganar todo o negociar con otros grupos para lograr equilibrios o correr el riesgo de varias derrotas electorales y cargar con esa pesada losa rumbo al 2030.





