
El inicio de un nuevo ciclo suele medirse en listas de cosas por hacer, horarios apretados y mariposas en el estómago ante lo nuevo. Sin embargo, más allá de cualquier planteamiento, el verdadero comienzo ocurre en el interior de cada persona. Es el momento en que inevitablemente surgen las preguntas: ¿Quién está dibujando los planos de mi vida? ¿Quién quiero ser y qué quiero lograr este año?
Al final del día, todos somos arquitectos de nuestra propia existencia y de nuestra dignidad. Aunque parezca sencilla, es una tarea difícil de lograr, sobre todo en un mundo que nos bombardea con expectativas ajenas. Pero hoy, mi mensaje es claro: la vida no se nos da hecha, se construye con cada decisión, con cada riesgo y, sobre todo, con la valentía de ser los únicos dueños de nuestro destino y de perseguir nuestros sueños.
Para ti, que estás empezando la universidad, especialmente si eres foráneo y has dejado la comodidad del hogar para buscar una oportunidad en otra ciudad, tu independencia no es soledad, es tu primer gran proyecto de vida que sin duda te dará independencia y autonomía
Para ti, que te encuentras en esa etapa de los 25 a 35 años buscando consolidar tu camino, el gran desafío es atreverse. Y ser el arquitecto de tu vida significa asumir el control total, la responsabilidad y la capacidad de decisión sobre tu propio destino. No esperes a que las oportunidades toquen a tu puerta, sal a buscarlas.
El éxito personal no es algo que se recibe de la nada, es algo que se conquista cuando dejas de seguir instrucciones ajenas y empiezas a tomar tus propias decisiones. Sentir miedo a equivocarse es completamente natural, pero recuerda que un plano se puede corregir, siempre y cuando seas tú quien sostenga el lápiz.
Y para los padres que acompañan desde el y la preocupación, mi mensaje también es claro: a menudo, en el afán de proteger a los hijos, terminan convirtiéndose en obstáculos para su autonomía. Guiar no es controlar, sino ofrecer herramientas para que ellos construyan su propia estructura, aunque esta no se parezca a la que ustedes imaginaron o desearon para ellos.
Las cifras nos lanzan una advertencia urgente de atender: encuestas realizadas recientemente por instituciones de salud mental y sociología sobre dinámicas familiares muestran que solo el 40% de los universitarios siente que puede hablar abiertamente con sus padres sobre sus fracasos sin ser juzgado.
Entonces, si solo cuatro de cada diez jóvenes confían en sus padres para compartir sus caídas, ¿dónde encuentran refugio los otros seis? La labor como padres es evitar el juicio y construir comunicación con escucha activa. Se necesita que los jóvenes sientan que el hogar es el lugar donde pueden fallar sin perder su dignidad, para que luego tengan la fuerza de salir al mundo a triunfar.
El éxito no solo se refleja en metas externas (título universitario, currículum impecable, casa, empleo), sino en la capacidad de sentirnos plenos, dignos, íntegros y satisfechos con nuestra propia vida. Promover el diálogo abierto y la conexión emocional no es una pretensión sin sentido, es una estrategia de supervivencia y bienestar mental.
Hoy es un buen momento para que hagamos un pacto generacional. Que los jóvenes tengan el coraje de mirar hacia nuevos horizontes y que los adultos tengamos la sabiduría de motivar su autonomía. Porque, al final del día, la verdadera libertad consiste en ser los únicos dueños de nuestros aciertos y, sobre todo, los únicos responsables de levantarnos tras cada caída, sintiéndonos orgullosos de saber que el plano más importante de nuestra arquitectura somos nosotros mismos.
Teresa Juárez González
IG: @teregonzz14







