
Por Manuel CARMONA
Hay una pregunta que comienza a rondar con insistencia en los círculos políticos: ¿MORENA PUEDE PERDER EN 2027 LA MAYORÍA CALIFICADA DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS?
La respuesta corta es SÍ. Pero de ahí a concluir que el llamado “voto de castigo” ya está en marcha hay un trecho que la política mexicana suele recorrer demasiado rápido.
La elección del 6 de junio de 2027 será la primera prueba nacional para el proyecto político de Claudia Sheinbaum. Se renovarán las 500 diputaciones federales: 300 de mayoría relativa y 200 de representación proporcional.
Y Morena tiene algo que defender: junto con sus aliados, actualmente dispone de una mayoría suficientemente amplia para alcanzar reformas constitucionales. PERO TAMBIÉN TIENE ALGO QUE PERDER: una eventual reducción de su bancada podría obligarlo a negociar con otras fuerzas políticas.
¿Existen señales de desgaste? SÍ.
Una encuesta nacional de Buendía & Márquez publicada en septiembre registra 35% de intención de voto para Morena rumbo a diputados, frente a 11% para el PAN, y 9% para PRI y Movimiento Ciudadano. El dato revela dos cosas simultáneamente: Morena conserva una ventaja importante, pero 28% de los entrevistados no declaró preferencia.
Ese 28% es, quizá, el territorio donde se librará buena parte de la batalla.
Porque una cosa es que exista inconformidad con un gobierno y otra muy distinta que esa inconformidad se transforme en votos para la oposición. Y aquí aparece el principal problema opositor: EL DESCONTENTO CIUDADANO NO NECESARIAMENTE TIENE DUEÑO ELECTORAL.
PAN, PRI y MC enfrentan además el desafío de convertir sus respectivas estructuras y discursos en una alternativa capaz de competir distrito por distrito. El INE ya estableció que podrán existir coaliciones totales, parciales o flexibles para las diputaciones de mayoría relativa.
Por eso, declarar desde ahora que Morena perderá la mayoría calificada sería tan aventurado como asegurar que la conservará.
Lo que sí puede afirmarse es que PERDER LA MAYORÍA CALIFICADA NO EQUIVALE A PERDER EL PODER. Si Morena y sus aliados conservaran la mayoría simple —251 diputaciones— podrían seguir aprobando leyes ordinarias, presupuesto y otras decisiones que no requieren una mayoría constitucional. Lo que cambiaría sustancialmente sería su capacidad para modificar la Constitución sin negociar con otras fuerzas.
Ahí está el verdadero asunto.
La oposición puede convertir el desgaste de Morena en una oportunidad, pero no puede convertirlo automáticamente en votos. Morena, por su parte, puede conservar una ventaja considerable, pero tampoco debería confundir popularidad con inmunidad electoral.
2027 no será simplemente un referéndum sobre Morena. Será también un examen para una oposición que tendrá que demostrar si puede competir unida, convencer al electorado y transformar el eventual voto de castigo en representación parlamentaria.
Por ahora, HABLAR DE UNA DEBACLE MORENISTA PARECE PREMATURO, PERO HABLAR DE UNA ELECCIÓN RESUELTA, también.
La alarma opositora podría ser exagerada. PERO SERÍA UN ERROR PARA MORENA ASUMIR QUE ES FALSA…





